En el año 2008 alguien me invitó a Facebook, bueno, no recuerdo mucho sus inicios, pero creo que poco a poco se fue convirtiendo en algo muy fuerte para mi, publicaba mucha información, compartía problemas, estados de animo, era como un diario personal, pero a diferencia de lo personal, era compartido por más personas y claro que me sentía bien con cada me gusta, o comentario, o en fin, con el paso del tiempo pasé a otras redes, Instagram, Twitter, Snapchat, Tiktok y toda cosa que se me cruzara por mi camino, todo parecía normal, claro lo usaba demasiado y me gustaba, si todos lo hacían, no tenia nada de malo o ¿si?. Recuerdo que empecé con un dolor en los pulgares, era fuerte, muy fuerte, consulté medicina general, y me dijeron que era por el uso del aparato celular, obvio, le resté importancia y continué, con el tiempo recuerdo que empecé a tener problemas de sueño, me constaba dormir, o despertaba a la madrugada, intenté con prácticas de respiración, relajación, infusiones, yoga, eliminando cierta bebidas y nada sucedía, así continué mucho tiempo, para pasar el tiempo hasta que tenía que salir de la cama, siempre me refugiaba en las redes, claro, como era de esperarse con el tiempo me fui enfermando, tenía de todo según mis exámenes médicos.
En todas mis relaciones amorosas sufría, porque no posteaban una foto conmigo o porque no obtenía un me gusta de alguno de mis amigos o familiares o pareja, quería ser popular, no tenía suficientes seguidores, creaba perfiles falsos, pagaba por aumentar mis estadísticas, expuse demasiado mi cuerpo, claro esto no fue cuestión de meses, fueron casi dos años así.
Mi sueño no tenía ninguna mejoría, decidí recurrir a una clínica del sueño y una de las preguntas fue ¿cuántas horas de su tiempo invierte en redes sociales o celular? No tenía ni idea, pero muchas, me recomendaron que contabilizara, bueno, era tarea, así que lo hice, me avergüenza decir cuentas, pero eran muchas, creo que fue la primera vez que me cuestioné sobre el uso de mi celular, una de las cosas que me di cuenta, es que no lo soltaba ni para ir al baño… el me acompañaba a todo lado y si lo dejaba, me regresaba por el, era como una extensión mía y si, de allí salí remitida a psiquiatría y psicología, por supuesto me parecía una exageración, si todo el mundo lo hacía, no tenía nada malo o ¿si?
Y si, que todo el mundo lo hiciera no se convertía en norma, tampoco en algo sano, mucho menos en algo normal y adaptativo, fue muy difícil aceptar, fue muy doloroso darme cuenta de tanto, de mis carencias, de mi adicción, de mis relaciones y de otras tantas prácticas que prefiero no revelar, parece una cuestión muy tonta, pero creemos que tenemos la capacidad de controlar, y no, no es del todo cierto, cuanto más crees tener el control, más lejos estás de el, he mejorado, he avanzado, he crecido, y si, aún me acompañan cierta batallas emocionales, me alejé de las redes sociales aunque a veces esté a un click de regresar, duermo, descanso antes buscaba que otros me vieran, me aceptaran, me elogiaran, ahora, sobretodo me veo, me reconozco, me identifico, no por un filtro, sino a través de la naturaleza de quien soy
Vanessa.