Debo iniciar precisando que redactar no es un ejercicio recurrente, también, que en las siguientes líneas mencionaré algunas ideas que me acompañan luego de una práctica a la que reconozco como observación intencional, que esto carece de todo tipo de estructura formal y que saltarán a la vista errores de puntuación y que más allá de compartir algo, pongo sobre la mesa algunas preguntas que me acompañan, en esta oportunidad me focalizaré en un tema que me he especializado a lo largo de los años, “primera infancia” ya no recuerdo el número de niños y niñas con los que he interactuado a lo largo de mi trayectoria, pero puedo mencionar que si, son muchos, mi labor me ha encaminado a sectores complejos, donde las dinámicas socio-culturales parecen actuar más como una barrera que cómo una posibilidad y cuando intento descifrar que hay detrás de estos niños, es indiscutible intentar disfrazar de otro modo la salud mental, si, las historias que me he encontrado parecen a veces dislocas, prácticas alrededor de la pedagogía, de la crianza, altamente violentas.
La salud mental, parece ser un tema para adultos, un tópico que ha ganado popularidad, pero, cuando se considera en los niños, ¿que estamos fomentando en ellos para cultivar una consciencia o cuidado de la salud mental? ¿los estamos saturando con las pantallas?, ¿en sus vínculos forzamos prácticas recurrentes y/o intermitentes de abandono?, ¿las prácticas de crianza suelen ser disfrazadas con cierto tinte de violencia?, ¿tanto los cuidadores y padres cuentan con herramientas para darse cuenta sobre su propio estado mental? Y la pedagogía y educación ¿qué papel encuentra en todo esto?
Los niños y niñas a diferencia de los adultos, cuentan con una capacidad sensoriomotora que con el desarrollo del lenguaje, se va perdiendo, esta misma capacidad les permite percibir, por quienes son amados y quienes son para ellos personas que les generarán seguridad, sin embargo, este hecho ha de verse contrastado también por los procesos de crianza, que pese la existencia de la ley 1098 en Colombia, aun me encuentro con prácticas de hace treinta años u otras que parece simplemente omitir el golpe y dar paso a otro tipo de violencias y abusos. Y claramente no tengo la menor idea o algún tipo de recomendación, pero si tan solo una, recuerdo que en la universidad aprendí que los niños y niñas aprenden a través de la observación como lo dirían Bandura, en algunas oportunidades cuando interactúo con los niños y niñas realizo ciertas preguntas y en muchas oportunidades no tienen idea de la respuesta, pero al ver a sus compañeros de sala responder o moverse inmediatamente imitan sus respuestas, creo que no hay una única forma de cuidar la salud mental, son muchas, pero creo que con la infancia, el mensaje ha de ser contundente y quizás la primera forma para acercarlos sea a través de la imitación, no para fingir, pero para empezar a generar ciertos hábitos conscientes alrededor de la misma, que rompa ciclos y formas en que talvez de una manera no tan consciente le estamos transmitiendo a ellos.
Manuel