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“Katherine, cuénteme….”

Hace algo más de un año empecé terapia. Esas fueron las primeras palabras que escuché. Tal vez una frase no tan elaborada pero tan necesaria en el proceso que decidí iniciar. Porque si, hay que decidir ir, hablar, empezar, porque no hay nada más doloroso que sentir dolor y no saber por qué.

Ojalá existiera un método o algo parecido pero no. El simple hecho de hablar, y en voz alta puede ser el camino a encontrar claridades, a resignifcar, a los merecimientos y sobre todo a tomar el largo camino del psicoanálisis.

Lo llamo camino porque no se trata de superar etapas, de superar duelos y ya, o de entender episodios lejanos, es algo más, es la capacidad de aprender a escucharse, de verse y pensar ¿por qué siempre así?, de repensarse y no autojuzgarse, censurarse y eliminarse.

Si se puede estar bien. Si se puede bajar el nivel de ansiedad. Si se puede dormir sin dejar que la mente se vuelva un callejón sin salida mientras las fantasías parece dictaran nuestra realidad.

Esto último en particular es lo más sanador que he encontrado en mi proceso. Pase mucho tiempo procesando mis emociones muy lejos de la realidad y muy sumergida en mis fantasías. Escenarios, personas, miedos todo lo intentaba resolver desde adentro y hacia adentro. Resultado: un mal sentir sin fin.

Poner afuera, es mi tarea diaria. En cosas simples y complejas, pero siempre afuera!

Me merezco muchas horas de terapia, me merezco estar bien, me merezco repensarme, me merezco ser libre y feliz.

Gracias proceso terapéutico.

Kathe